
Os voy a hablar de Felipe Reyes, ese jugador estrella que llegó al equipo blanco y desde entonces se ha convertido en una estatua de acero dura, robusta recubierta de un sistema sofisticado de antifaltas. Nadia que sepa de baloncesto va a dudar de la valía de este jugador: es luchador, inteligente y eficaz. De lo que voy a hablar es de la protección arbitral de la cual goza y se regodea. Ni los árbitros de la ACB tienen suficientes hue... ni los comentaristas de televisión se atreven a comentarlo cuando una y otra vez contemplan repeticiones de las faltas no pitadas. Da igual que este chico juegue contra el Barça como que juegue contra el Fuenlabrada... simplemente goza de inmunidad, juega duro y hace que destaca todavía mucho más de lo que por naturaleza podría.
Me diréis que generalizo, o que exagero o que soy ciego. Quizás, pero la prueba más palpable está cuando este chico juega en competiciones europeas. ¿Porqué bajan sus números? ¿Quizás porque comete más faltas y juega menos minutos? Y cuando juega con la selección entonces resulta que la cosa ya es algo exagerado: sus números son de jugados totalmente secundario.
Podrán decirme que es Espartaco, que es un toro, pero seguiré pensando que los héroes se comportan por igual en un equipo que en otro, igual en España o en Francia. Y mis héroes no van empujando a los rookies por envidia, ni se pelean con excompañeros en los túneles de vestidores o van creando cizaña y polémica extradeportiva.
