Faltan semanas para que se inicie una nueva temporada de baloncesto y disfrutar de un nuevo Joventut y de una nueva liga ACB con varios cambios significativos. Durante el campeonato del mundo en Turquía hemos podido disfrutar de un partidazo, uno de los mejores que mis ojos han tenido la oportunidad de ver. Me refiero al Brasil - Argentina, dos equipos que a priori no tenían muchas opciones a medalla antes de iniciarse el campeonato y que han mostrado lo mejor de cada uno.
Argentina ganó y lo hizo gracias a Luis Scola, inmenso, efectivo, colosal, magnífico, sobresaliente, demoledor... solamente fueron 37 puntos, pero sus canastas limpias en posiciones difíciles acojonaban a todo televidente y/o espectador. Prigioni, Pancho Hansen y Oberto redondearon una plantilla que puede aspirar a poner en dificultades a la misma USA siempre y cuando Scola siga teniendo la protección de los dioses del Olimpo.
Brasil jugó con su máxima estrella a un nivel muy mediocre; Splitter no nos sorprende a los que hemos seguido sus pasos en la ACB, sabemos que de vez en cuando baja su rendimiento, sobretodo en partidos trascendentales. La zona interior la ganó claramente el equipo argentino, pero aparecieron los aleros y sobretodo Marcelino Huertas para equilibrar el encuentro y convertirlo en apoteósico. Marcelino cuajó su mejor actuación de toda su vida, dirigiendo magistralmente al equipo, dando ánimos y con 32 puntazos con muy pocos fallos. Los dos equipos tuvieron más de un 50% en acierto de triples, mucho más en tiros de dos, además de intensidad en todo el encuentro y muy pocos fallos no forzados. Fue, sin duda, un regalo para nuestros ojos y una muestra para los futuros jugadores de baloncesto de cómo se tiene que jugar. Toda una lástima que tanto esfuerzo se pueda perder en los cuartos de final.
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